“Te estoy escribiendo desde acá sabiendo que no vas a leer nunca esto, pero de alguna forma me sana decirte todo esto.
Mira mamá, estoy acá y todo sigue igual sin vos. Desde cuándo el mundo se volvió tan cruel como para que tú presencia o ausencia no signifiquen nada para los demás. Yo te lloro todas las noches y aún así los demás ya están bien.
Veo a tanta gente allá afuera que sufre una perdida como la mía. Vos eras una de esas y yo no me di cuenta lo que significaba en ese momento, cómo te estaba doliendo por dentro, cómo se te estaba rompiendo el corazón. Tengo tanta bronca conmigo por no haberme dado cuenta. Perdóname.
Mira mamá, yo allá afuera sigo igual, y sé que los demás no entienden lo que se siente pero cómo los culpo si a mí me pasó igual, nadie entiende hasta que no lo vive. La empatía mamá pasó a ser algo de pocos.
Hoy estoy escribiendo un blog, uno de mis sueños desde el peor verano de mi vida, dónde mi única salvación era sentarme en la reposera afuera de casa a leer las historias que otras personas publicaban de viajes, comidas, ropa, vivencias.
Me daba vergüenza contarte estas cosas. Me sentía mal porque no todo iba bien y suponía que lo que menos querías ver era una de estas cosas. Me doy cuenta que me equivoqué, porque siempre fuiste la que más me acompañó en lo que quería hacer.
Chau ma, quizás cuando necesite te escriba de nuevo. Te llevo adentro, siempre.”
Si estás leyendo esto y tenés a tu mamá ahí, corre a abrazarla fuerte, decile cuánto la amas y valoras que ella sea parte de tu vida.
Este es un pedacito de una carta que le quise escribir a mi mamá que ya no está conmigo.
Se nos va la vida entre tanto revuelo que no nos acordamos de lo que importa realmente.
Yo te digo, importa dónde estás y con quién. Porque las personas que siguen acá con vos probablemente se han quedado en los momentos más difíciles de tu vida. Y eso simplemente eso, ya hace que importen.
Déjate de buscar afuera lo que está adentro.
Pauly.

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