Querida Mamá:
Hoy es tu día y como
en todos ellos me toca hacerte un regalo, si supieras el tiempo que pasé
pensando en qué regalarte me dirías dulcemente y entre risas que no hace falta
nada, que con mi presencia es suficiente. Quizás sean mis ganas incesantes de
devolverte todo lo que has hecho por mi las que motivan esta carta.
Como cada día de la
madre me paro a pensar en las cosas que has dejado de lado para cuidarme, los
sueños que pospusiste y que a veces entre mates rememoras con un tierno brillo
en los ojos. Quizás ser mamá no había sido tu idea o tu sueño de toda la vida,
pero cuando llegué al mundo ocupaste ese lugar de la mejor forma posible y te
admiro por eso.
Te admiro por tus
desvelos cada noche cuando yo lloraba y vos no entendías por qué. Te admiro porque
tu agenda va más llena que la mía, pero siempre encontrás un hueco para
quedarte a mi lado escuchando qué hice, qué me preocupa o qué sueños tengo. Te
admiro tanto Mamá.
¿Cómo no te lo dije
antes?
Hola, yo no suelo
escribir los domingos en el blog, pero hoy en Argentina es el Día de la Madre.
Quizás no lo sepas o sí, pero yo no tengo mamá y sé que no soy la única,
entonces se me ocurrió escribirle una carta a todos los hijos e hijas que no
tienen a su mamá presente hoy:
Hoy puede ser un día difícil
por muchas razones, la principal vos y yo la sabemos, pero no es la única. Todo
nos recuerda a ella con más fuerza, hoy sus recuerdos inundan nuestra mente y
nuestros sentidos.
Me gustaría traerla
de vuelta para abrazarla un rato más, para decirle lo mucho que la amo y que la
admiro. Me gustaría llevarla a tomar un café y que se pidiera su postre
favorito. Me gustaría que me contará todo de ella con lujo de detalles para no
olvidar nunca todo lo que es. Me gustaría oler su perfume, sentir la suavidad
de sus manos y mirarla a los ojos en todo momento. Me gustaría escribirle en Instagram
un texto bonito y que las dos posemos sonrientes y subir una foto a las
historias diciendo lo mucho que la amo. Pero no puedo. Y me duele. Y sé que
también te duele a vos.
Porque el hecho de
que no esté nos recuerda todo lo que hoy no podemos hacer. Esa llamada ya se quedó
sin receptor, lo mismo con las cartas y los regalos. Pero a diferencia de todas
esas cosas, aunque duela, todavía tenemos su recuerdo. Esas imágenes que no
desaparecen. Hoy quiero que los abracemos más, que recordemos porque es la
única forma que tenemos de sentirla más cerca.
Pero no solo duele no
tenerla para hacerla sentir especial en su día, también duele cuando no
encontramos la respuesta a los problemas diarios y llamarla era nuestra mejor solución,
cuando vemos que la casa está hecha un desastre y la acomodamos pensando en que
ella diría que lo hiciéramos, cuando haces tu mayor esfuerzo y logras lo que
ella te había dicho que ibas a conseguir.
El vacío que dejan
nuestras madres cuando se van no se llena con absolutamente nada. Pero te
quiero recordar que ella no se va sin dejar algo listo, si mirás a tu alrededor
tenés personas que te quieren y te cuidan, que hoy te van a abrazar un poco más
fuerte sin decir nada, sin preguntar nada, solo porque saben que hoy puede ser más
difícil transitar el día. Te van a preguntar cómo estás y seguro van a hacerte
reír. Seguro que, aunque hoy no sea mamá quien te da consejos, hay alguien en
tu vida que te acompaña en cada paso que das, que te llena de aliento y que te
dice “todo va a estar bien” con la misma dulzura con la que ella lo hacía. Porque
ellas son tan especiales que, aunque se vayan no nos dejan solos.
No podemos volver el
tiempo atrás, no podemos llamarla y pedirle que vuelva, no podemos comprarle un
regalo, no podemos abrazarla ni decirle cuánto la queremos. Pero podemos
abrazar todo lo que somos porque somos parte de ella. Podemos mirarnos a los
ojos y encontrar en ellos su mirada cálida. Podemos abrazar a nuestros hermanos
y decirles lo mucho que los amamos y lo importantes que son para nosotros, y
ahí, justo ahí ella va a rebosar de alegría donde quiera que esté. Cuando sepa
que tu corazón entre toda la tristeza puede encontrar un poco de amor.
Hoy te mando el
abrazo más fuerte que soy capaz de dar, te doy gracias por leer este escrito.
También te agradezco por no rendirte y por seguir adelante a pesar del dolor
después de la pérdida. Te quiero.
Pauly.
P.D:
Mamá fuiste mi mejor
guía, me enseñaste a valorar la vida, me mostraste que, aunque el dolor abunde
siempre hay espacio para reír y disfrutar, me dejaste un entorno que me cuida y,
me llenaste de fuerzas cuando te fuiste, aunque al principio se camuflara con
dolor. Sé que hoy no puedo enviarte una carta, ni un mensaje, pero sé que estás
por ahí: Sé que sos esa fuerza que me acompaña cuando siento miedo. Sé que sos quien
me susurra al oído “no te rindas”. Sé que cuando creo que no puedo más vos me sostenes.
Te amo y lo voy a hacer siempre.

Buenaaa
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